domingo, 24 de junio de 2012

Corea, campo de pruebas del futuro


Usuarios del metro en Busan haciendo uso de la red de Internet / SeongJoon Cho  (Bloomberg)

A la espera de que alguien invente un medio de viajar en el tiempo, una manera de ver qué nos depara el futuro es bajar al metro de Seúl. Conectados a Internet a través de una red Wi-Fi de alta velocidad, millones de viajeros recorren diariamente las entrañas de esta inmensa ciudad entretenidos con todo tipo de teléfonos inteligentes, tabletas y ordenadores portátiles. Unos ven películas, telenovelas o videoclips de K-Pop, el género musical que arrasa entre los jóvenes de media Asia; otros conectan con sus amigos en redes sociales como Me2Day o Kakao Talk, consultan los resultados de la liga nacional de béisbol o sacan adelante algo de trabajo. Solo unos pocos —los de más edad— aprovechan para echar una cabezada o leer periódicos de papel, un objeto que en esta parte del mundo más que en ninguna parece una reliquia del pasado.
Corea del Sur es el país más conectado del mundo. Su población ha incorporado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación a la vida cotidiana con más naturalidad y entusiasmo que cualquier sociedad occidental. Tener la infraestructura adecuada ayuda: más del 90% de los coreanos disponen ya de cobertura de telefonía móvil 4G, que permite la navegación por Internet a altísima velocidad.
Suncheon Kang, alto cargo del Ministerio de la Economía del Conocimiento, explica que a partir de los años noventa el Gobierno coreano invirtió mucho dinero en la creación de redes de banda ancha en todo el país. “Los coreanos tienen características especiales que ayudan al desarrollo de Internet”, sostiene Suncheon, “y tenemos fabricantes muy fuertes de teléfonos móviles y otros dispositivos”. Yung Kim, jefe de Estrategia de KT, segunda empresa de telecomunicaciones de Corea del Sur, afirma que el país se ha convertido en una “zona de pruebas” para las nuevas tecnologías. “La rapidez con que los coreanos se adaptan a las tecnologías es impresionante”, explicó Yung a un grupo de periodistas invitados por el Gobierno coreano a visitar el país, entre ellos un enviado de EL PAÍS.
A partir de los años noventa el Gobierno invirtió mucho dinero en redes de banda ancha 
Yung opina que el futuro de su compañía y de la economía coreana está en el desarrollo y comercialización de lo que él llama “bienes virtuales”, productos de última generación como aplicaciones para dispositivos móviles, libros electrónicos, películas, juegos y programas informáticos cuyo peso en la economía mundial, según él, superará a finales de este siglo al de bienes manufacturados tradicionales como coches, televisores o electrodomésticos. Se les denomina bienes virtuales porque se almacenan en la nube y se distribuyen por Internet. Yung recuerda que de los 7.000 millones de habitantes de la Tierra, solo 2.200 millones tienen acceso a la Red, lo que supone un enorme potencial para hacer negocios, especialmente en Asia, África y América Latina.
Plenamente incorporado al mundo desarrollado —es miembro de la OCDE desde 1996— , Corea del Sur es un país muy similar a España en cuanto a número de habitantes, producto interior bruto y renta per capita. Pero el dinamismo que se respira en las calles de Seúl contrasta enormemente con el abatimiento que se ha apoderado de los españoles por culpa de la crisis. Corea del Sur se ha recuperado por completo del trauma nacional que supuso la crisis asiática de 1997-1998, cuando fue objeto de un rescate de 60.000 millones de dólares —el mayor de la historia hasta entonces— por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y otros organismos internacionales, que le impusieron estrictas condiciones fiscales y macroeconómicas. Bancos y grandes empresas tuvieron que cerrar, algunas compañías fueron obligadas a reorganizar su producción, y legiones de trabajadores perdieron sus empleos. Hoy la situación es completamente distinta. Tras pagar por completo las deudas contraídas con el rescate, Corea del Sur disfruta prácticamente de pleno empleo y, según las previsiones del FMI, crecerá un 3,5% este año y un 4% en 2013. El país se acerca al equilibrio presupuestario, tiene un bajísimo nivel de deuda pública y cuenta con unas reservas superiores a los 300.000 millones de dólares.
¿Cuáles son los motivos de esta resurrección? Al responder a esta pregunta, los responsables políticos y económicos surcoreanos mencionan siempre la apertura al exterior de una economía que hasta el estallido de la crisis asiática era tremendamente proteccionista. En 2003, Corea del Sur no contaba con ningún acuerdo de libre comercio; hoy lo tiene con la Unión Europea, EE UU, los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) e incluso con varios países de América Latina, por lo que las empresas coreanas pueden exportar libres de barreras arancelarias a economías que conjuntamente suponen el 60% del PIB mundial. “Queremos ser una plataforma mundial de negocios y de libre comercio”, afirma Young Ho Oh, consejero delegado de KOTRA, el organismo encargado de promocionar la inversión extranjera. El Gobierno ha comenzado a negociar acuerdos similares con China y Japón, con la idea de que empresas de todo el mundo se instalen en su territorio para desde allí acceder con facilidad a los grandes mercados asiáticos.
Consciente de que no puede competir en precios con China, su gigantesco vecino, y los demás países asiáticos, Corea del Sur ha optado por la innovación tecnológica, la calidad y el conocimiento como vía de supervivencia. Por ello invierte en investigación y desarrollo el 3,74% de su PIB, frente al 1,35% de España, y trata de reforzar su sistema educativo.
Corea del Sur es un país muy similar a España en habitantes, producto interior bruto y renta per capita
Las autoridades coreanas cuentan con un enorme arsenal para vender su atractivo como lugar de inversión. Los trabajadores coreanos tienen fama de estar entre los más competitivos del mundo por formación, entrega y disciplina. El país ha adoptado el inglés como segunda lengua, con el enorme esfuerzo que supone el aprendizaje de una lengua tan distinta. Y por encima de todo, empresas como Samsung, Hyundai y LG fabrican los productos que hoy se demandan en todo el mundo. Corea del sur es el mayor productor de tabletas, teléfonos móviles, pantallas de cristal líquido (LCD) y barcos, ocupa el tercer lugar en semiconductores y el quinto en automóviles.
Siendo un país muy industrializado, peninsular y con una alta densidad de población, no es raro que Corea del Sur esté dedicando muchos recursos a promover la economía verde. Y es ahí, en el campo de las energías limpias, donde las autoridades locales ven buenas oportunidades para la inversión española.
La empresa sevillana Befesa, filial de Abengoa, negocia estos días la instalación de una planta de reciclaje de polvo de acero. Alfredo Velasco, su director general de Desarrollo de Negocio, destaca la pujanza económica del país y la oportunidad que supone para su empresa trabajar con un gran productor de acero. “La legislación medioambiental también nos favorece, pues obliga a los productores de acero a reciclar, que es nuestra actividad”, explica Velasco durante un descanso en las jornadas de inversión celebradas la semana pasada en Seúl. ¿Es fácil entrar en el mercado coreano? Velasco sostiene que es fundamental trabajar sobre el terreno y que los intermediarios de KOTRA han sido de gran ayuda para establecer contactos.
El país se ha recuperado por completo del rescate de 60.000 millones  que sufrió en la crisis de 1997-1998
Para el ICEX, los flujos de inversión entre España y Corea “presentan unos volúmenes bajos, lejanos de las cifras que pudieran esperarse de la importancia económica de ambos países”. Entre las escasas empresas españolas que se han aventurado en el mercado coreano figuran Inditex, el grupo de galvanizados metálicos Galol y el fabricante de componentes Gestamp. Los intercambios comerciales tampoco reflejan el tamaño de ambas economías. En 2011 España exportó a Corea del Sur bienes y servicios por valor de 813 millones de euros, mientras que importó más del doble, 1.706 millones.
A pesar de la reciente apertura, el acceso al mercado coreano sigue siendo difícil, según algunos empresarios extranjeros, que mencionan la falta de transparencia y el excesivo peso que el Gobierno sigue teniendo en la actividad económica. Aunque obligadas a menguar como parte del rescate de 1997, las corporaciones industriales coreanas (conocidas como chaebol) siguen siendo gigantescas y forman casi Estados paralelos, con estrechas conexiones con el poder político. Un ejemplo: el actual presidente, Lee Myung-bak trabajó durante 27 años para Hyundai Construction, de la que llegó a ser el máximo ejecutivo. Sus críticos sostienen que el enorme tamaño de las chaebol y las condiciones que imponen a sus suministradores estrangula el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas.


perodico el pais

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